Documental ¨Carlos el amanecer ya no es una tentación¨ (Venezuela)

Formato original: Video alta definición (HDV NTSC). Duración: 1 h. 22. Producción: Las Tres Raíces, Venezuela, 2012, con el apoyo de Zin TV (Bruselas). Imagen : Henry Linares con el apoyo de Deylin Peugnet y Olivier Auverlau. Asistente de dirección : Marjorie Arostegui. Música: Philippe Tasquin. Dirección, sonido y edición: Thierry Deronne.

¨Carlos el amanecer ya no es una tentación¨ es el primer documental dedicado a rescatar del olvido la figura del “otro Che” : Carlos Fonseca Amador (1936-1976), fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Fue filmado de 2010 a 2011 en lugares claves como León, Pancasán, Zinica, Managua, Estelí, Matagalpa y La Habana al cabo de una investigación de dos años en busca de quienes lo conocieron personalmente entre lo(a)s dirigentes de la Revolución Sandinista y lo(a)s colaboradores anónimos tales como lo(a)s campesino(a)s que alimentaban a su guerrilla.  Cabe destacar el apoyo de Doris y Sara Tijerino que con su Asociación de Colaboradores Históricos recopilan la historia de la Revolución Sandinista en las montañas de Matagalpa así como la participación del Comandante de la Revolución Tomás Borge Martínez (QEPD) quien nos apoyó en varias jornadas de filmación.

Contacto : thierryderonne6@gmail.com

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Trailer de “Carlos el amanecer ya no es una tentación”

Este es el primer documental dedicado a rescatar del olvido la figura del “otro Che” que fue Carlos Fonseca Amador (1936-1976), intelectual y guerrillero nicaragüense, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, asesinado por la Guardia Nacional somocista tres años antes del Triunfo de la Revolución.

El filme narra la vida de Fonseca Amador desde sus años de niño pobre en Matagalpa hasta su larga marcha llena de fracasos y de reinicios como constructor del FSLN.
Fue filmado entre 2010 y 2011 en lugares claves como León, Pancasán, Zinica, Managua, Estelí, Matagalpa y La Habana, al cabo de una investigación de dos años que permitió combinar los archivos fotográficos y fílmicos con la memoria popular y los testimonios de sobrevivientes tales como los campesinos que alimentaban a la guerrilla de Fonseca.

Cabe resaltar el apoyo de Doris y Sara Tijerino que con su Asociación de Colaboradores Históricos recopilan la historia de la Revolución Sandinista en las montañas de Matagalpa así como la participación del Comandante Tomás Borge quien nos acompañó durante varias jornadas de filmación.

Las Tres Raíces Producciones, Venezuela 2012. 

Realización: Thierry Deronne.

Imagen : Henry Linares, con el apoyo de Deylin Peugnet y Olivier Auverlau.

Asistente de realización : Marjorie Arostegui.

Música : Philippe Tasquin

Con el apoyo de Zin TV (Bruselas)

Duración: 1 h. 28.

Formato original: HDV NTSC.

Para mayor información véase por favor el sitio del documental :

http://www.filmfonseca.wordpress.com

Federico, el jefe del FSLN durante la etapa de acumulación de fuerzas en silencio

18 Octubre 2019

Federico, el jefe del FSLN durante la etapa de acumulación de fuerzas en silencioPedro Arauz Palacios usó varios seudónimos, uno para cada acción, “Pepe”, “114”, “Eustaquio”, “Eulogio”, pero el más conocido fue Federico Lugo Valencia, y en ocasiones Jorge Luis o Noel.

Nació el 6 de septiembre de 1949, en Diriomo, Granada. Hijo de Augusto Aráuz Miranda y de Socorro Palacios López. Se bachilleró en el Instituto Nacional de Oriente en Granada.

Luego, en 1966, continuó sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en la carrera de Ingeniería Civil, en donde se incorpora al Frente Estudiantil Universitario (FER), destacándose por su valiosa contribución al fortalecimiento de este movimiento. Alcanzó el cargo ejecutivo de Secretario de Relaciones Obreras del FER, en esta función se destacó por ampliar el vínculo del movimiento estudiantil con las organizaciones de masas.

Meses después se incorpora al Frente Sandinista de Liberación Nacional y crea la escuela militar dentro del FER, lo cual permitió enriquecer las filas de la organización.

Para el año 1968, el FSLN le asigna la responsabilidad de coordinar la movilización y los contactos de Julio Buitrago, quien era el principal responsable urbano de la organización. Además, por su capacidad y responsabilidad, a Pedro le delegaban tareas importantes.

Después de la muerte de Julio Buitrago el 15 de julio de 1969, a Pedro Arauz –que había adoptado el seudónimo de “Federico”– se le asigna la responsabilidad de trasladar a León a los compañeros que habían quedado desconectados de la organización en Managua, por la represión de la Guardia Nacional.

A partir de ese momento, se desliga del FER, pasa a la clandestinidad y se consagra por entero al FSLN. Junto a Juan José Quezada, Edgard Munguía y otros compañeros, se dedica a trabajar para el resurgimiento de la organización.

Coordina una célula en la que estaban integrados Mario Benavides, René Núñez, Julio Avilés, Cristian Pérez, Juan José Quezada y Luisa Amanda Espinoza. En tres meses, logran estructurar de nuevo al FSLN, dando golpes militares en varias partes del país.

Entrenamiento en Palestina

Para proyectar a nivel internacional al FSLN, a Pedro Arauz y a Juan José Quezada se les asigna la misión de secuestrar un avión de LANICA, la línea aérea del dictador, que viajaría a El Salvador, y desviarlo a Cuba. La acción se lleva a cabo el 4 de noviembre de 1969, realizándola con todo éxito. Ambos compañeros salvan la vida y llevan el avión a La Habana. Este fue el primer secuestro aéreo que realizó la organización.

La operación se realizó en conmemoración al segundo aniversario de la caída de Casimiro Sotelo y estaba combinada con dos acciones más: una recuperación bancaria en León, a cargo de Leonel Rugama, Roger Núñez, Mauricio Hernández y Enrique Lorente, y la colocación de bombas en Managua a cargo de Cristián Pérez.

Posteriormente, para promover al FSLN, Pedro hace una gira por Cuba, Francia y Suiza. Con Patricio Arguello, Eduardo Contreras y Juan José Quezada viaja al Oriente Medio para participar en entrenamientos militares en los campamentos palestinos de Al-Fatah.

En 1970 participa en varios secuestros aéreos, dando gran impulso al FSLN en el campo internacionalista. Por su participación en el movimiento palestino, Pedro Aráuz y los otros compañeros son nombrados ciudadanos honorarios de ese pueblo valiente y heroico.

Acumulación de fuerzas en silencio

A mediados de 1970, el FSLN recibe un duro golpe pues la mayoría de los miembros de la dirección urbana fueron capturados por la Guardia Nacional. Esto provoca que Pedro Aráuz regrese a Nicaragua en 1971 para reorganizar al FSLN, iniciando la etapa de Acumulación de Fuerzas en Silencio. El énfasis fue ligar a la organización nuevamente a las masas y preparar sus cuadros políticos y militares, para volver a enfrentarse militarmente a la Dictadura Somocista.

Pedro radica en León en donde se destaca como organizador. Bajo su dirección se desarrolló una eficaz labor del FSLN y del FER en los barrios empobrecidos de la ciudad, especialmente en la comunidad indígena Sutiaba. Gracias a su papel en el desarrollo de la organización, León se convirtió durante mucho tiempo en el centro político operativo del FSLN.

En esos años, organizó varias escuelas militares en Occidente, en la clausura de los cursos “Federico” estaba presente dando el incentivo moral y enseñanzas que motivaban a los compañeros a ser mejores revolucionarios. Se destacaba por su experiencia en cuanto al trabajo político y el reclutamiento de nuevos cuadros, labor que era difícil por la represión de la guardia somocista.

Se reunía frecuentemente con el Comité Regional de Occidente para estudiar la situación del país y elaborar los documentos políticos y militares de la organización. En la discusión y elaboración de muchos de estos documentos Federico fue una pieza fundamental.

Para 1973 Federico ya era miembro suplente de la Dirección Nacional del FSLN. Óscar Turcios y Ricardo Morales eran los únicos miembros que estaban en el país. Los demás estaban presos o en el exterior.

Primer Responsable del FSLN

El 18 de septiembre de 1973 caen en Nandaime Ricardo, Óscar, Juan José Quezada y Jonathan González, lo cual descabeza el movimiento a nivel nacional. Carlos Fonseca y los otros miembros de la Dirección Nacional en el exterior deciden nombrar a Federico como Primer Responsable del FSLN en el interior del país. Asume la tarea con entrega e iniciativa.

A partir de ese momento, delega responsabilidades en varios cuadros del FSLN para impulsar el trabajo en Matagalpa, Nueva Segovia, Estelí, Madriz, Carazo, Rivas, Managua, León y Chinandega.

Federico logra ligar al FSLN con una serie de sectores antisomocistas, incluyendo grupos religiosos y crea los mecanismos adecuados para estrechar los vínculos con la montaña. Federico en corto tiempo logra recuperar el trabajo organizativo en todo el país.

Durante diez meses, se mantuvo sólo al mando de la dirección urbana de la organización. Fue uno de los principales organizadores de la exitosa acción del 27 de diciembre de 1974, ejecutada por el Comando Juan José Quezada, mediante la cual el FSLN logra la libertad de 14 de sus principales cuadros políticos.

Sin embargo, a partir de 1975, la operación desató una brutal represión de la guardia somocista en las ciudades, campo y montaña. Es incesante la captura de militantes, correos y colaboradores, tanto en la vida legal como clandestina. Federico, como jefe de la organización, adoptas las medidas necesarias para hacer frente a la represión y mantener activa a la organización.

En junio de 1975 Federico es ratificado como Primer Responsable en el país miembro de la Dirección Nacional en reconocimiento a su heroico y valioso trabajo realizado.

Pedro había creado una escuela conspirativa en las filas del FSLN, y una las primeras redes de comunicación de la organización a nivel regional. Su aporte a la formación ideológica de los militantes se reflejaba en varias de sus obras escritas, publicadas en folletos que circulaban a lo interno de la organización revolucionaria.

En febrero de 1976 viajó a Honduras y México, aquí se reúne con Daniel Ortega y Eduardo Contreras, para abordar el problema de la unidad fracturada a partir de 1975, y coordinar el ingreso al país de Carlos Fonseca, misión que logra cumplir con éxito semanas después.

En abril de ese año, Federico garantiza el traslado de Carlos Fonseca a la montaña. Luego se encarga de preparar las condiciones para realizar en una fecha que sería determinada por el líder del FSLN, una reunión de todos los cuadros de dirección de la organización en la zona guerrillera de la montaña.

Sin embargo, esa reunión nunca se pudo realizar porque Carlos cae en combate en Zinica el 8 de noviembre de 1976 y un día antes, caen en Managua en dos operaciones separadas, Eduardo Contreras y Carlos Roberto Huembes, y otros compañeros.

La muerte de Carlos y los otros dirigentes profundiza la división interna del FSLN, pues la comunicación entre todos los que estaban en el país y en el exterior queda prácticamente interrumpida.

En es en esas circunstancias que los compañeros Daniel Ortega, Víctor Tirado y Humberto Ortega, deciden iniciar acciones ofensivas a partir de octubre de 1977.

La primera operación se realiza el 12 de octubre, cuando se crea el Frente Norte Carlos Fonseca, y bajo el mando de Daniel Ortega, una nutrida columna de guerrilleros integrada entre otros por Víctor Tirado, Germán Pomares “El Danto” y Francisco Rivera Quintero, ataca exitosamente varias posiciones de la Guardia Nacional en San Fabián, en Dipilto y en San Fernando, en el departamento de Nueva Segovia.

La ofensiva de octubre continúa el 17 de octubre, con los ataques a los cuarteles de la Guardia Nacional en San Carlos, Río San Juan, y en Masaya.

Ese mismo día, Federico estaba en una casa de seguridad en Los Altos, Masaya, sin estar informado previamente de ambas operaciones militares. Cuando se da cuenta de lo que ocurre en la ciudad de Masaya, sale rumbo a Managua por la carretera a Tipitapa.

Federico no había detectado que las agencias de seguridad del somocismo lo habían detectado y habían preparado una emboscada en el empalme de Tipitapa a Managua, en donde habían instalado un retén. Pedro desciende del vehículo en el cual se transportaba y cuando la Guardia pretende capturarlo, dispara con su pistola, abate a uno de los guardias y muerte acribillado a balazos, cuando solo tenía 28 años.

¿Qué es el sandinista?

Por Pedro Arauz Palacios

EI sandinista es aquel que no vacila y tiene fe en el triunfo final, que fundamente su firmeza en lo inexorable de nuestra Revolución, que tiene fe en el triunfo revolucionario y que está seguro de que las fuerzas del pueblo y del FSLN van a lograr su Victoria final.

El militante sandinista es aquel que logre romper el estrecho marco burgués que nos influencia y logre proyectarse en el desarrollo de la lucha con una nueva personalidad y nueva actitud, consciente del papel decisivo que juega dentro del proceso Revolucionario que estamos viviendo.

El militante sandinista es aquel que aspira a ser el Hombre Nuevo de Nicaragua e impulsa a nuestra juventud y a nuestro pueblo en aras de un internacionalismo militante y un espíritu de sacrificio a toda prueba.

La disciplina del militante sandinista es consciente y se apoya fundamentalmente en la justeza de la lucha que se libra y en la superioridad absoluta que desde el punto de vista político militar que los contingentes sandinistas libran en la montaña, campos y ciudades de nuestro suelo patrio.

Como defensor del decoro nacional, de nuestra soberanía, de los intereses populares, el militante sandinista hace gala de un profundo respeto al pueblo, de iniciativa y audacia, de férrea voluntad y un alto espíritu de sacrificio y un desprendimiento total, dispuesto a derramar sangre propia y la ajena en aras de los anhelos libertarios del pueblo de Sandino.

Un sandinista es aquel que empuña el acero libertador y cada día está más dispuesto a verter sus últimas gotas de sudor y sangre por ese grandioso ideal por el que tantos valiosos e irremplazables hermanos han dado la vida: la Patria Libre.

Sandinista es aquel que los golpes y reveses, que son saldos inevitables de esta lucha a muerte, lejos de amedrentarlo, lo enardecen y llenan de coraje, disponiéndolo cada vez más para el combate libertario definitivo

Fuente: http://www.radiolaprimerisima.com/blogs/2543/federico-el-jefe-del-fsln-durante-la-etapa-de-acumulacion-de-fuerzas-en-silencio/

Otto Casco salió de Pancasán a navegar en el Lago de los Cisnes

Otto Casco salió de Pancasán a navegar en el Lago de los CisnesPor Mirna Mendoza (*)

Busco un espacio en la montaña, entre la Reserva Natural de Sierra Quirragua y Paipí, entre San Ramón y Matiguás, donde se eleva un cerro Cónico de la época terciaria, ahí en ese espacio se levanta Pancasán, ante este altar de la Patria me inclino, porque ahí están sueños repletos de amor y de historia victoriosa.

Pancasán –que en vocablo Sumo significa “Cerro de la Danta” o “Cerro del Tapir”– que acogió a hombres valientes, héroes de la Patria Sandinista, rodeado de belleza natural donde crecen cedro real, laurel, guarumo, bálsamo, níspero, nogal, elequeme, roble, orquídeas, begonias y helechos, testigos vivos de esa heroica gesta, al igual que los campesinos que pueblan esas tierras.

El lápiz y el papel nos brindan algunos datos, otros están en el silencio y no deben permanecer en el olvido. Antes de que mi vida se acabe, con estas letras escritas con el corazón y lo que mi mente recuerda, daré testimonio sobre Otoniel Casco Montenegro.

Lo conocí joven, ya era bachiller y había intentado ser Hermano Cristiano de La Salle, pero no fue su camino. Yo cursaba el último año de magisterio. Por coincidencias de la vida, Otto me presentó a Moncho (Ramón Rizo, con quien años después me casé) y yo le presenté a Francis, que luego fue la esposa de Otto. Estrechamos amistad hasta los últimos días de la vida de cada quien.

Viene a mi mente recuerdos que me hacen escribir y que Otto permanezca vivo. Hago memoria. ¿Cómo lo recuerdo? ¿Qué le digo a las generaciones presentes y futuras?

La música, la lectura y una inmensa capacidad de amar la vida, a niños y adultos, siempre fueron su norte, su bella compañía. Obligaba al estudio, ¡cómo admiraba la literatura! Y a su edad ya poseía una pila de libros que devoraba con entusiasmo y esa era la conversación del día.

Otto me inició en la literatura, para mí desconocida, con la obra La Madre, de Máximo Gorki.

– Léelo, me dijo. Y luego preguntó: “¿ya terminaste? Sólo una vez no basta. ¡Volvé a leerlo! ¡Dale! Después lo comentamos. ¿Te das cuenta cómo Pavel influye en su madre para que se haga revolucionaria? Los hijos, también podemos incidir en nuestros padres”.

¡Qué gran afinidad a la literatura rusa!

En otra oportunidad me dijo: “Aquí tenés “La guerra y la Paz”, de León Tolstoi.

Lo empecé varias veces, pero nunca lo terminé. Pienso que antes de que mi vida y mis ojos se apaguen habré leído esos gruesos volúmenes.

Yo era aficionada al Rock, al Chachachá, al Twist, a boleros y tangos, los ritmos de moda de aquellos días, que escuchaba en el vetusto tocadiscos de mi casa. Recuerdo el cambio de gustos: empezamos con Ray Conniff y poco a poco entró Mozart, Beethoven con la Quinta Sinfonía y Balada para Elisa, Tchaikovski con el Lago de los Cisnes y Cascanueces. Cuanta sabiduría poseía Otto en tan poca edad, que evidencia su sensibilidad. Me empujó a la música clásica, casi sin darme cuenta.

Para esos años, entre 1965 y 1966, ya se avizoraban sus ideales. ¡Cuánto amor expresaba a las niñas y niños del barrio! Su vida cómoda, no le impidió ver la oscurana que nos rodeaba: crímenes, ley fuga, torturas, cárcel. Siempre estaba recordando historias donde hubo jinoteganos dando su aporte. Por ejemplo, relataba el asalto a Caratera, donde participa Cristóbal Villegas; admiraba a Fadel Abdalah, una historia viviente que recorría las calles del pueblo evidenciando los machetazos, la tortura y disparos que no terminaron con su vida, y que con mucha dificultad se desplazaba. Nuestra generación y otras más lo recuerdan.

Otto también se sentía orgulloso de Tobías Gadea, que participa en la fundación del FSLN, hijo de Úrsula Gadea, que apoyó la lucha de Sandino. Esa historia se la trasmitía Carlos Rizo, quien contaba que en la casa de su madre, doña Teresita de Rizo, estuvo unos días Iván Sánchez.

Con una mochila cargada de historia, un poco a la fuerza porque estaba bien enamorado de Francis, a quien llamaba “mi adorada esposa”, y con una niña que venía en camino, Otto se fue a estudiar Derecho en la Universidad de Chile. Me pidió que escribiera cada 15 días y en sus cartas, siempre sus repetidas preguntas: “¿Cómo está mi esposa? ¿La has acompañado al médico? ¿Qué tanto crece la barriga? ¿Va bien el embarazo? Creo que esta separación no la aguantaré”.

Un día de septiembre que no recuerdo, mandó a decir “doy marcha atrás”. Solo aprobó el primer semestre. Regresó a Jinotega con las completas porque a los pocos días nació Hanrriette Katarine.

Recuerdo que vi un recorte de periódico donde los estudiantes chilenos estaban en protesta y unos carabineros los rodeaban y reconocí a Otto por su enorme cabeza, aunque estaba de espalda. Siempre se vinculó a la lucha en cualquier lugar donde se encontrara.

No sé la fecha exacta, pero a inicios de 1967, ya su compromiso y vínculo con el FSLN era una realidad. Lo que sí sé, es que en junio de ese año ya estaba en Pancasán graduándose de guerrillero, pues la montaña era lo que más le gustaba.

Los sobrevivientes atestiguaron que Otto fue capturado vivo, pero lo asesinaron. El Batallón Somoza, con más de 400 guardias, entabló un combate atroz y posteriormente la “operación limpieza”.

Nuevamente su adorada esposa estaba embarazada y volvía a bregar un camino del que Otto no regresaría. No pudo conocer su hija Derlhy Mathely.

Ella me ha preguntado: “¿Por qué se fue y no me conoció?”. Y yo le he dicho: “Él tenía la esperanza del triunfo, participaba en construir una nueva Patria, para ti, tu hermana y todo este pueblo”.

Mis niñas –como yo les decía– esa parte les tocó vivir, pero siempre el destino tiene sorpresas. Encontraron un hombre que las cuida, encontraron un padre en Danilo, que las ha colmado de amor y llenó ese espacio al igual que su madre.

En cualquier lugar del espacio que se encuentren nuestros Héroes, reiteramos nuestro recuerdo, cariño y compromiso de continuar lo emprendido por ustedes.

¡Honor y Gloria!

A los Héroes y Mártires de Pancasán

Silvio Mayorga, de Nagarote, estudiante de Derecho.
Rigoberto Cruz, (Pablo Úbeda), Dirigente campesino.
Carlos Reyna, de Managua, alfabetizador.
Carlos Tinoco, de Corinto.
Francisco Moreno, de Managua, estudiante de secundaria.
Nicolás Sánchez, de Corinto.
Ernesto Fernández, de Masaya.
Fermín Díaz
Felipe Gaitán
Otoniel Casco Montenegro, (Otto) Jinotega, Estudiante de Derecho en Chile.
Oscar Danilo Rosales Argüello, médico, catedrático, de León
Oscar Armando Flores
Fausto Heriberto García

A la sobreviviente Gladys Báez

A todos los sandinistas históricos que forjaron esta gesta

 (*) Policía Retirada, que ama y respeta esa institución. Honor y Gloria a los 22 policías asesinados y los casi 500 heridos por construir esta Patria Nueva. Pancasán vive.

Juancito, uno de los más queridos y ejemplares guerrilleros del FSLN

Juancito, uno de los más queridos y ejemplares guerrilleros del FSLNTexto redactado sobre la base del testimonio de su hermana mayor, Guadalupe Muñoz Flores, y de otros relatos de compañeros que lo conocieron

Juan de Dios Muñoz nace el 8 de Marzo de 1950 en el popular barrio San Felipe, en la ciudad de León. Su madre fue Lilian Leonarda Flores Reyes, conocida como Lila Flores, y su padre Santiago Muñoz González, quienes procrearon 5 mujeres y un varón: Guadalupe, Lilian, Juan de Dios, Eugenia, Lucia y Mercedes Muñoz Flores. Luego, Lila se casó nuevamente con Enrique Bolaños, con quien procreó a Enrique Bolaños Flores.

Juan de Dios vino al mundo en una casa muy humilde y lo ayudó a nacer bisabuela Marcela quien era partera, en un ambiente empobrecido, común en un país donde estaba implantada una dictadura nefasta que iba carcomiendo las entrañas de un pueblo subyugado por años de terror. La relación constante con sus vecinos también empobrecidos lo hace comprender que tiene que construirse un camino para liberarse de la miseria y explotación en la que estaba sumido el pueblo por una minoría.

Inició sus estudios en la escuela Simón Bolívar de León, en donde cursó su primaria; luego inicia la secundaria en el Instituto Mariano Fiallos Gil en donde llega hasta segundo año por falta de recursos económicos que lo empujan a aprender distintos oficios para poder mantenerse a él y ayudar a su familia. Es así que en poco tiempo empieza a trabajar como radiotécnico en el mismo taller donde le habían enseñado, que pertenecía a Tulio Rivera, taller que se encontraba en la esquina del costado sureste de la iglesia de San Sebastián, a una cuadra al sur del Comando GN.

Guadalupe, la hermana mayor, también militante sandinista y colaboradora histórica del FSLN, relata que Juan de Dios desde muy joven tenía inquietudes políticas. Cuenta que antes que él tomara la decisión más importante de su vida, participar en la lucha antisomocista, permanecía en constante reflexión. Quería mucho a sus hermanas y no le gustaba ni siquiera que fueran solas a las ventas. Precisamente eso le abrumaba, pues no quería dejarlas solas, pero él quería una Nicaragua libre y legar a su familia la libertad.

Así, a los 20 años toma la decisión de iniciar militancia política y en 1970 participa en la primera caminata de maestros de León a Managua, quienes luchaban por incrementos salariales y mejoras en sus condiciones laborales, en manifestaciones estudiantiles y otros eventos en contra de la injusticia de la Dinastía Somocista.

Reclutado por Edgard Munguía

Poco a poco se fue identificando más con la lucha del FSLN que para 1971 ya realizaba trabajos organizativos de masas y de agitación en los barrios de León en conjunto con el movimiento estudiantil universitario. Aunque Juan de Dios no estudiaba en la universidad, él se había vinculado a través de la lucha y de su trabajo como obrero con los dirigentes estudiantiles, como Edgar Munguía y Camilo Ortega. De esa estrecha relación es que Juan de Dios Muñoz pasa a formar parte de las Filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

El 11 de abril de 1972 se desprende de su familia sin avisarle a nadie. Su mama pensó que él se iba a Costa Rica. Después Juan de Dios le escribió varias cartas en donde le explicaba que se había integrado al FSLN y había pasado a la clandestinidad por las amenazas de muerte que había recibido de parte de la Guardia Somocista. A raíz de la decisión de su único hijo varón, Lila Flores empezó a colaborar con los sandinistas con toda alma y corazón, con toda su entrega, ofreciendo su vivienda como casa de seguridad.

La Dirección Nacional del FSLN lo identifica como uno de los compañeros de mayor calidad humana y revolucionaria, y lo selecciona para que con otros 18 compañeros, reciba en Cuba adiestramiento militar guerrillero. Juan de Dios marcha a La Habana el 15 de julio de 1972.

Sus compañeros en ese curso lo recuerdan por su carácter fraterno y muy exigente para cumplir las decisiones que tomaba el grupo. Como parte de su formación política, Juan de Dios recorrió muchas ciudades y pueblos de Cuba, conociendo centros de trabajos, hospitales, áreas de producción agrícolas, centrales azucareras, escuelas, etc.

El 4 de mayo de 1973, sale de la Habana en compañía de los compañeros Francisco Rivera y Humberto Ortega Saavedra rumbo a Nicaragua. Para despistar a la Dictadura, salen de La Habana, pasan por Colombia y llegan a Chile, en donde gobernaba la Unidad Popular con el Presidente Salvador Allende. Finalmente parte hacia Nicaragua, ingresando a finales del mes de mayo de ese año.

Inicia la construcción de redes de apoyo

Una vez en el país, la dirección del FSLN lo traslada a una casa de seguridad en Managua donde está un poco tiempo en donde le orientan trasladarse a trabajar en el norte del país, en las montañas de Matagalpa. Para encubrir su llegada a la zona, se hace pasar como un damnificado del terremoto que había destruido la capital en diciembre de 1972, a quienes popularmente se les conocía como “terremoteado”. En esos primeros meses de 1973, decenas de miles de managuas que se quedaron sin vivienda, sin enseres personales ni trabajo, fueron recibidos por sus familias y amigos en casi todas las ciudades y pueblos del país. Por eso, nadie se extrañó de su presencia.

En esa zona hace contacto con un compañero que tenía una hacienda a 100 Km de Matagalpa, quien lo hace pasar como trabajador de su hacienda y también envía a Managua a recibir un curso de quince días para aprender a manejar la motosierra. Al regresar a la finca, conjuga su trabajo de motosierrista y con las tareas de la organización, hasta que finalmente se entrega a tiempo completo al trabajo político asignado.

En el primer trabajo que hizo a las estructuras de las guerrillas el jefe guerrillero de esa zona le escogió el seudónimo de “Juancito“. Él se negó porque era su nombre propio, pero su superior insistió y es así que nace el legendario Juancito que todos los campesinos del norte y demás compañeros recordarían con respeto y admiración.

“El amor que desplegaba al trabajo propio de la organización era tremendo”, recuerda uno de sus compañeros. Y en efecto, realizaba tareas importantes y delicadas, pues le habían asignado la responsabilidad de ser el puente entre los militantes clandestinos de la ciudad y los guerrilleros de la montaña. Como parte de su trabajo, llevaba medicinas, municiones y todo tipo de abastecimiento y trasladaba a compañeros a los campamentos de la montaña.

Pero además, su trabajo no solamente lo desplegaba en el departamento de Matagalpa, sino que se extendió hasta Chontales, Estelí y León; es decir, no centró su trabajo en un solo punto, sino que ramificó su accionar. Disciplinado por excelencia, Juancito no permitía que se dieran desviaciones en el seno de la militancia e incluso entre los colaboradores de la guerrilla. A la vez, era muy discreto cuando había necesidad de compartir información.

Juancito logró levantar sustancialmente el trabajo de la organización pues cuando él llegó a la zona, había muy pocos colaboradores y ninguna red de apoyo a los campamentos guerrilleros. Su trabajo fue tan importante, que sirvió de base para que años después pudiera desatarse la insurrección popular y la liberación total de Nicaragua.

El operativo en Abisinia

Mientras trabajaba en la zona, forma parte de un comando del FSLN al mando del Comandante Carlos Agüero (Rodrigo) que realiza una recuperación económica a la sucursal bancaria de Abisinia, en El Cuá, Matagalpa, el 18 de diciembre de 1974. Este hecho era una acción de distracción que había ordenado la dirección de la organización, pues se preparaba la operación “Diciembre Victorioso”, ejecutada por el Comando Juan José Quezada, que consistió en la toma de la residencia del connotado somocista José María “Chema” Castillo, que se dio nueve días después, el 27 de Diciembre.

A raíz de ese suceso, la Guardia Nacional desata una feroz represión en todas las zonas campesinas del departamento de Matagalpa lo cual obliga a salir a Juancito, quien permanece cinco días en la ciudad de León. Regresa a dirigir el trabajo y al cabo de poco tiempo es integrado a la montaña como combatiente como jefe de escuadra.

Herido en una mano

En esos días de 1975 de dura lucha, donde los guerrilleros se movilizaban por toda la zona norte, la escuadra encabezada por Juancito es emboscada por la Guardia Somocista. Se entabla un recio combate. Juan de Dios resulta herido en una mano, pero se sobrepone y con gran valentía logra escapar de los guardias, aunque queda pierde el contacto con sus compañeros. Deambuló por la zona durante ocho días, durante los cuales la herida en la mano se le infecta. Finalmente logra llegar a uno de los campamentos guerrilleros, de donde lo trasladan a Matagalpa para curar la herida infectada de su mano.

Con un espíritu de lucha inclaudicable, estando en recuperación, con su mano sana realiza trabajos manuales como cartucheras, tirantes y otras piezas que todo guerrillero necesita. Más tarde, como responsable político-militar, realiza círculos de estudio y escuelas militares con los compañeros que deben pasar a los campamentos guerrilleros y, una vez preparados, él mismo los traslada a la montaña (Pancasán, Zinica, Fila Grande).

En una de esas misiones de traslado a los campamentos, debido a un descuido se hiere levemente con su arma, pero aún así logra llegar al campamento guerrillero donde permanece recuperándose durante un tiempo, el cual aprovecha para convivir con los campesinos, por quienes estaba decidido a luchar hasta las últimas consecuencias.

Después, le orientan hacerse cargo del traslado de Managua a los campamentos de la montaña, a numerosos compañeros que son preparados para sumarse a la guerrilla. En ese ir y venir pasan los meses de 1975 aprendiendo, enseñando y poniendo en la práctica todos sus conocimientos.

En abril de 1976 siendo responsable de una escuadra guerrillera, se interna en las montañas de Zinica y se incorpora al campamento bajo el mando de Carlos Agüero.

Pierde uno de sus ojos

En mayo de ese mismo año, con una escuadra de cinco guerrilleros se dirige a Yaosca, con la misión de encontrar sitios estratégicos donde ubicar a las demás escuadras. Una vez de regreso a Zinica, el comandante Rodrigo lo nombra segundo al mando del campamento, en donde ya están 35 compañeros entre campesinos, obreros y universitarios, y el Jefe del FSLN, Carlos Fonseca. A Juancito y a Francisco Rivera (El Zorro), les asignan la tarea de adiestrar en tácticas de guerrillas a los compañeros del campamento, mientras el Comandante Fonseca asume la dirección política del curso, que dura 15 días.

En agosto, sale de la montaña junto a cuatro compañeros con la misión específica de entregar la información de la brutal represión somocista contra los campesinos a un militante que estaba en la legalidad. Pero la misión es abortada porque la escuadra tuvo un combate con una patrulla de la Guardia en Yaosca y Juancito recibe un balazo en la cabeza. Pese a la grave herida, que le causa una inmediata inflamación del rostro y toda la cabeza, henchido de coraje Juancito responde al fuego y junto a sus compañeros logran evadir el cerco somocista. Hasta entonces se percata que la bala también le ha afectado uno de sus ojos. La gravedad de su herida obliga a la dirección del FSLN a enviarlo a Honduras para recibir atención médica y salvar su vida. Sin embargo, pierde completamente el ojo herido. Su familia no se entera de este acontecimiento.

La militante sandinista Rosa Argentina Ortiz describe a Juan de Dios Muñoz como “una persona con una calidad humana increíble. Lo conocí cuando baja de la montaña en 1975, herido en la mano por una bala de Gárand. Me trasladan ahí y me enseñan a curarlo. Llegaba un médico una vez a la semana a limpiar la herida. Empecé a conocer su temple de acero, porque ni arrugaba la cara cuando le curaban esa herida. Posteriormente regresa a la montaña. Cuando subo a la montaña, me integro a la escuadra que jefeaba Carlos Agüero. Juan de Dios era parte de esa escuadra, junto a tres campesinos que tenían seudónimos de números. Teníamos que hacer un recorrido para ir haciendo conciencia en todas las comarcas de Waslala: Las Vallas, Yaoska y otras. En una ocasión, estábamos en un cerro, la Guardia nos detecta y ataca, una bala hiere a Juan de Dios Muñoz en el ojo. El baqueano nos ordena tirarnos hacia el borde de un río. Veo a Juan de Dios que venía totalmente bañado de sangre. Nunca se quejó y sólo nos decía: – ¡Adelante, adelante, adelante! Ese día tuvimos tres combates”.

Una vez recuperado, se traslada por veredas de Honduras a Estelí y posteriormente a Managua. Lo nombran responsable de una escuela militar clandestina. Los compañeros que fueron sus alumnos lo recuerdan como un auténtico revolucionario en todo el sentido de la palabra, con gran calor humano, con ejemplo vivo de la puntualidad, el orden, la disciplina, la humildad y su gran espíritu de lucha por los desposeídos. Además de comprender perfectamente los problemas sociales, económicos y políticos del país, se daba a entender en un lenguaje sencillo para que todos asimilaran los conocimientos, saber con certeza por qué se luchaba y cuáles eran los objetivos del FSLN.

Juancito decía: “Tenemos que dedicarnos a la Revolución. Nosotros estamos consagrados para hacer esta revolución. No disfrutamos lo que la gente normalmente hace como ir al cine, a fiestas, a pasear, etc., porque nosotros nos hemos sacrificado voluntariamente y tenemos que entregarnos a todo lo que la Revolución impone, y todos como buenos revolucionarios tenemos que cumplirlo”.

Semanas más tarde, asume la responsabilidad del trabajo político en las zonas fronterizas con Honduras, en Las Segovias, y como instructor en la escuela guerrillera Claudia Chamorro.

Su hermana mayor relata que en ese tiempo ella y su mamá participaban activamente como colaboradoras y en una de las tantas cartas que ella le escribía en contestación de las que él enviaba, le dijo: “llevame hermano, quiero irme con vos”. Pero Juan de Dios, además de un gran militante era un gran protector de su familia, no quería que su familia sufriera más miseria y en su carta de respuesta le dijo: “No, vos te quedás para cuidar a nuestra mamá y papá”. Ella obedeció, estudió, se recibió y las palabras de su hermana para ella fueron proféticas.

Capturado y asesinado

Este trabajo realizaba cuando cae asesinado por los esbirros somocistas en la entrada norte de Estelí, desde Condega, la madrugada del 26 de agosto de 1977, junto con el ingeniero Raúl González, quien lo estaba trasladando desde la frontera hacia la ciudad.

De acuerdo con el testimonio de hermana del ingeniero González, Martha González Almendárez, “en la salida de Estelí hacia Condega, sobre la carretera Panamericana, existe un lugar que se llama El Dorado, es una finca. En la orilla de la carretera hay una especie de cerritos donde la Guardia se escondió para esperar la llegada de Raúl, ahí lo emboscaron. A Juan de Dios y a Raúl los capturaron vivos. Se supo después que los tres compañeros que venían con Juan de Dios y que eran trasladados por Raúl, pudieron huir”. Juan de Dios no tenía un ojo, usaba una prótesis y en el ojo sano, tenía un balazo. A Raúl lo asesinaron a garrotazos en la cárcel de la ciudas de Estelí.

Según Martha González, el doctor Ulises González, primo suyo y de Raúl, logró ingresar a la morgue para identificar el cuerpo de su pariente. Dice Martha: “Ulises vio cerca de la mesa donde estaba Raúl, una masa, una pelota grande de sangre en el suelo, «era un bulto grande de sangre colorada». Ulises se acercó para ver de cerca de qué se trataba y se asustó cuando vio que era Juan de Dios Muñoz, «una masa de sangre». Juan de Dios no tenía un ojo, usaba una prótesis. Ulises pudo observar que en su ojo sano tenía un balazo. Ulises lo comenzó a ver a Juan de Dios y no supo si tenía en otro lugar más balazos”.

Su muerte fue un duro golpe para la organización. Todos sus compañeros se comprometieron con Juancito para llevar hasta el final sus sueños de liberarse de la tiranía y construir una sociedad donde reine la justicia y la libertad.

Como la familia no sabía del acontecimiento donde él había perdido el ojo, hizo caso omiso a la noticia donde hablaban de un hondureño con ojo de vidrio que había muerto. A los tres días de su asesinato, un compañero sandinista llegó a la medianoche a avisar que el muchacho del ojo de vidrio era Juancito. Su mamá y su hermana mayor fueron a Managua llegando a las 5 de la mañana del 30 de Agosto de 1977 y encontraron el cuerpo en la morgue de uno de los hospitales.

Guadalupe Muñoz fue quien tuvo que reconocer el cuerpo. Después que se los entregaron regresaron a León, vigilados por la Guardia Somocista que ya había autorizado el permiso para poder velarlo y hacerle una misa.

El pueblo de León y sus compañeros de lucha se enteraron de la noticia y se fueron concentrando donde estaba la vela. Al ver el mar de gente la Guardia ordenó interrumpir la vela y llevar el cuerpo inmediatamente al cementerio de San Felipe. Cuando se realizaba el funeral, un hermano sandinista hizo un discurso y cuando se estaba enterrando hubo un fuerte sismo. Años más tarde, la familia accedió a trasladar sus restos al actual Mausoleo junto a otros Héroes y Mártires.

Las guerrillas latinoamericanas de los años 60, Por Germán Sánchez Otero | Revista Temas, Cuba | 11 Julio 2019

Por Germán Sánchez Otero (*) | Revista Temas, Cuba | 11 Julio 2019

¿Por qué resulta de interés revisitar y evaluar hoy los procesos de lucha armada ocurridos en la América Latina y el Caribe durante los años 60? ¿Qué experiencias negativas y positivas de esas historias pueden ser útiles para las faenas y los proyectos de emancipación actuales y futuros en el continente?

En aquella década existieron guerrillas en Perú, Venezuela, Guatemala, Nicaragua, Bolivia, Colombia, Argentina, Paraguay, República Dominicana, México y Haití. Cada proceso nacional encierra especificidades y determinaciones, dadas por la historia y la formación económico-social de uno u otro país, y también por las coyunturas políticas de las que brotan. El ciclo insurgente de los 60 comienza en 1959, y aunque de hecho termina entre 1967 y 1968, ocurre un último intento fallido en Teoponte, Bolivia, en 1970. ¿Por qué fueron derrotadas todas esas tentativas de tomar el poder por la vía armada? ¿Cuáles fueron las causas más comunes de sus adversos desenlaces?

Existe una extensa bibliografía de libros, artículos, documentos y testimonios, y también miles de textos secretos pendientes de desclasificación, buena parte de ellos en Cuba y en los Estados Unidos. Entre los libros, se destaca el pionero Las guerrillas en América Latina, del británico Richard Gott (1971); las imprescindibles obras de Regis Debray (1975a; b; c); y Guerrillas contemporáneas en América Latina, del profesor cubano Alberto Prieto (1990).

No pretendo aludir a cada proceso nacional, ni tampoco agotar los factores globales actuantes en la evolución de las insurgencias en aquellos años. Solo formularé algunas ideas, con el ánimo de exaltar la actualidad del tema.

I

Es ineludible, en primer lugar, abordar el nexo de tales procesos con la Revolución cubana. ¿Acaso esta se interpretó correctamente por quienes decidieron tomar las armas para alcanzar el poder, motivados por el impacto del triunfo cubano en 1959? ¿Los escritos del Che (Guevara, 1985) sobre la revolución social en la América Latina y en particular acerca de nuestra experiencia insurgente, se leyeron del modo adecuado o en verdad muchos de sus textos no se conocieron?

Si el proceso insurreccional de la Isla, entre 1953 y 1958, hubiese sido interpretado en su integralidad, varios intentos guerrilleros en los 60 no hubieran fracasado –al menos no del modo tan rápido en que ocurrió–, o no se hubieran iniciado, por carecer de las condiciones mínimas indispensables. ¿Podría afirmarse que en nuestros días se conoce suficientemente la experiencia cubana? He percibido, fuera de nuestras fronteras e incluso entre nosotros, que no es así.

La idea de que un foco de doce guerrilleros irradió la guerra a todo el país y derrotó a la dictadura en apenas dos años se convirtió en una simplificación romántica y mítica de lo que fue un proceso sumamente complejo y, por eso mismo, pletórico de lecciones. La primera de todas es que surgió, se desarrolló y triunfó en un país con una formación económico-social y una historia singulares, en una circunstancia política particular –la existencia de una dictadura que provocó un rechazo popular generalizado– y fue conducida por un excepcional líder.

El primer acto de Fidel Castro contra la dictadura es simbólico: una impugnación legal contra el golpe de Estado de Batista el 10 de marzo de 1952, que presenta el siguiente día ante el Tribunal de Garantías Constitucionales. Es un paso calculado con el propósito de legitimar la insurgencia armada posterior.

Aunque la acción del 26 de julio de 1953 fue derrotada y el plan abortado, resultó una victoria política y el despegue de la Revolución. Ese día se verificó por primera vez la pertinencia de la lucha armada, sustentada en el legado de José Martí, y cuyo fin inmediato era derrotar la dictadura.

En el cuartel Moncada nacen el líder y el núcleo inicial de la vanguardia de la Revolución y también su programa, La Historia me absolverá (Castro, 1953). Este expresa las razones y los objetivos del proyecto en un lenguaje claro, y a la vez evita sumar enemigos a destiempo. Por ejemplo, la palabra imperialismo no se menciona, y mucho menos lucha anticapitalista.

Al salir de la cárcel en 1955, Fidel realiza una frontal denuncia del régimen a través de los medios de prensa y ese mismo año parte a México. Declara que se marcha porque ha sido censurado y no hay garantías para ejercer las luchas democráticas. De tal manera, reafirma ante la opinión pública que el camino insurgente es el único posible para encarar y derrotar la dictadura.

El primer suceso que desmiente la versión foquista de la Revolución cubana ocurre el 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba: el alzamiento armado y popular de la segunda ciudad más importante del país, dirigido por Frank País, y previsto para que ocurriera al unísono con el desembarco de los expedicionarios del yate Granma. A estos los esperaban varios campesinos para apoyarlos en la Sierra Maestra. Celia Sánchez dirigía ese operativo desde Manzanillo, y Frank disponía de una combativa organización clandestina en Santiago. El macroescenario rural y urbano escogido para desatar la guerra fue muy fecundo.

Fidel no demora en realizar la primera acción contra un pequeño cuartel en La Plata, el 17 de enero de 1957. Participa toda la guerrilla, compuesta por veintinueve hombres en total: dieciocho expedicionarios, ocho campesinos y tres enviados por Celia. Y no se incorporan más habitantes de la Sierra Maestra por la falta de armas. La acción es un éxito rotundo y al siguiente mes, el 17 de febrero, el jefe guerrillero otorga su primera entrevista de prensa a Herbert Matthews, de The New York Times. En febrero del siguiente año sale al aire la emisora Radio Rebelde –fundada por el Che–, que se convierte en la voz cotidiana de la épica guerrillera y en vía primordial para orientar a los jefes, a los combatientes y a todo el pueblo, e informar la verdad a la opinión pública del continente. Comenzaba así a ejercitarse y a ganarse, de modo simultáneo, la brega militar y la lidia de las ideas.

Aunque Fidel concentra su atención en el desarrollo de la guerra, que es el frente político decisivo, no descuida los demás. Atiende las alianzas con otras organizaciones revolucionarias y con sectores políticos en el exilio adversarios de Batista, y también se ocupa de orientar la actividad del Movimiento 26 de Julio, dentro de Cuba y en el exterior. Discípulo espiritual de Martí, sabe que esa nueva contienda de liberación debe ser culta, abarcadora e inclusiva. Y como aquel, mantiene en silencio los propósitos de más alcance.

El 28 de mayo de 1958 la dictadura inicia una ofensiva contra el Primer Frente de la Sierra Maestra, para lo que moviliza sus mejores fuerzas élites: catorce batallones de infantería y varias compañías independientes. Despliega también artillería, tanques, aviones y helicópteros.

Fidel mueve de modo secreto todas las columnas del sur y el centro de Oriente hacia el Primer Frente, y decide que Raúl Castro permanezca en el Segundo Frente. Trescientos guerrilleros resisten la ofensiva enemiga. De acuerdo con el plan de defensa, ceden terreno, hostigan, desgastan y agotan al adversario. En julio pasan al contrataque, y tras treinta y cinco días de combates rechazan y destruyen virtualmente a la flor y nata de las fuerzas armadas de la dictadura.

A estas alturas, la guerrilla se ha convertido en una guerra de posiciones y de movimientos. De inmediato, en agosto de 1958, Fidel lanza la contraofensiva estratégica, con instrucciones precisas a Camilo Cienfuegos y Che, para que avanzaran hacia occidente con sus columnas reforzadas. Él se queda con apenas treinta combatientes, sin jefes experimentados y, a la vez que dirige todo el escenario bélico y político nacional e internacional, garantiza el entrenamiento de mil reclutas, a los que logra armar, forma cuadros en el combate de manera acelerada; dirige la conquista de todas las plazas militares de Oriente, e implementa, junto con las fuerzas de Raúl y Juan Almeida, la toma de Santiago de Cuba.

Cuando Batista y varios de sus más cercanos secuaces abandonan el país el 1 de enero de 1959, la dictadura ya estaba derrotada tanto en el plano militar como en el moral y el político. Con un mínimo de armas y un máximo de moral y de sabiduría política y bélica, la Revolución logra triunfar en un plazo brevísimo sobre un enemigo que parecía invencible.

II

Entre 1959 y 1961, las primeras guerrillas en América Latina surgen, casi todas, de grupos sin preparación ni estrategia idónea. Fueron experiencias costosas en vidas humanas y en saldos políticos. Pronto Cuba fue acusada de dirigir tales movimientos, cuando realmente la dirección cubana siempre practicó la solidaridad más auténtica, y por eso mismo actuó de modo coherente con la idea de que las revoluciones no se exportan y, al contrario, estallan a la hora precisa de cada país.

La Isla aportó a los revolucionarios latinoamericanos y caribeños, sobre todo, el ímpetu de sus triunfos, sus rebeldías y herejías. Provocó que reverdeciera el proyecto bolivariano y martiano de emancipación continental, colocó el marxismo en un lugar protagónico.

A partir de 1962, Cuba ofreció entrenamiento a muchos guerrilleros y también apoyo logístico, e incluso ejerció la solidaridad mediante combatientes cubanos en el terreno mismo. De modo explícito, consagró su derecho a apoyar por todos los medios a quienes luchaban en sus propias naciones contra gobiernos antinacionales, y aliados del imperio en la agresión contra Cuba.

Hay que interpretar de manera serena las lecciones de ese tiempo, para contribuir a elucidar problemas de hoy y mañana, semejantes a los de ayer, e incluso más difíciles de resolver. ¿O es que alguien piensa que esta opción de lucha revolucionaria fue borrada para siempre de nuestras tierras, repletas de conflictos, pero también de historias de liberación y de un elevado potencial para conquistarla? Las estrategias de insurgencias armadas futuras, que a mi juicio serán inexorables, no saldrán de un manual de guerrilla, sino de la interpretación crítica de las praxis anteriores y de las entrañas del país donde se decida desarrollar.

Una de esas lecciones es que durante el período insurreccional en Cuba hubo armonía entre el programa de la Revolución y su carácter real inmediato, o sea, un proyecto democrático y nacional de complexión popular. Ni antimperialista, ni anticapitalista y menos aun explícitamente socialista.

Mutatis mutandis, después de que Cuba se declara socialista en 1961, aunque los movimientos armados latinoamericanos enarbolaran programas democráticos, nacionalistas y alianzas amplias, incluso con sectores burgueses, el carácter político de las guerrillas cambió radicalmente. Porque el antimperialismo, el anticapitalismo y el socialismo formaban parte ineludible de su genética, lo hicieran o no explícito.

La guerra revolucionaria es ante todo una pugna de ideas y de acciones políticas. Fidel supo neutralizar, entre 1956 y 1958, a una gran parte de la clase dominante cubana e incluso al gobierno de los Estados Unidos. Al mismo tiempo aisló a la dictadura en el ámbito político nacional e internacional. La decantación de este amplísimo haz de fuerzas sucedió por etapas. No hubo restas prematuras. La amplitud del programa inicial permitió una posterior depuración natural, resultante del conflicto clasista. Tal paradoja devino fortaleza: radical en los métodos de lucha, la Revolución cubana en sus inicios fue comedida en cuanto a las metas inmediatas. Esto le permitió ganar tiempo para afirmar una vasta base de apoyo social, político y militar y sorprender al imperialismo, que reaccionó demasiado tarde.

Pero las posteriores insurgencias armadas de la región, sobre todo en la década que analizamos, adquieren un significado diferente. De 1962 en adelante revolución significa derrocamiento del poder burgués, enfrentamiento al imperialismo y al capitalismo, y opción socialista. A partir de ese momento, aunque se oculten los objetivos, el imperio y las oligarquías ya no se equivocan, y actúan en consecuencia. Este factor pesó mucho en contra de los procesos armados después de 1959.

El Pentágono, la CIA y los gobiernos de los Estados Unidos tomaron muy en serio a los que consideraban seguidores del camino insurgente de la Isla, y desplegaron todo su poder. Primero imaginaron una fórmula de apariencia reformista, la Alianza para el Progreso. Y después activaron la lucha contrainsurgente, con acciones preventivas y de neutralización en el escenario social, pero donde los nuevos métodos y recursos militares cobraron un relieve principal, ahora con el antídoto específico contra la guerra irregular. Ya no se enfrenta a la guerrilla con tanques, aviones y artillería. El empleo de la nueva doctrina militar es un factor clave para entender por qué las guerrillas resultaron casi siempre aisladas y derrotadas. Además de los errores propios, entre ellos las desviaciones foquistas y el llamado vanguardismo.

III

Es imprescindible detenerse en los aportes analíticos del Che, realizados muchas veces en defensa de la experiencia original de la Revolución cubana. En ese tiempo, una parte de la izquierda regional se empeñó en demostrar que esta era excepcional, mientras otros revolucionarios la copiaron de modo acrítico y hasta caricaturesco.

El pensamiento del Che acerca de la revolución incluye conceptos entretejidos, tales como el imperialismo y el subdesarrollo, las clases sociales y sus luchas, el papel del Estado y el carácter de la revolución. También sus ideas abarcan los temas de estrategia y táctica, vanguardia, y sujetos sociales de la Revolución. De su análisis de la sociedad latinoamericana y el escenario mundial nace su certeza acerca de la posibilidad del cambio revolucionario de naturaleza socialista en el continente. Y también se derivan sus ideas sobre cómo alcanzarlo.

Ciertos énfasis y filos polémicos de sus conceptos están marcados por los debates que se vio obligado a emprender frente a sectores tradicionales de la izquierda latinoamericana, que querían convertir el triunfo de la Revolución cubana en una excepción histórica. Casi todos eran partidos comunistas seguidores de la línea internacional y de los enfoques políticos de la poderosa Unión Soviética. Muchas veces tales concepciones y posturas políticas representaron un factor de contención a posibles procesos revolucionarios, como al parecer ocurriera en mayo de 1968 en Francia, o en 1966-67 en Bolivia.

Ello explica la insistencia del Che en determinadas lecciones de la Revolución cubana. No es casual que comience de este modo su primera obra que aborda el tema: “La victoria armada del pueblo cubano sobre la dictadura ha sido, además […] un modificador de viejos dogmas sobre la conducta de las masas populares de la América Latina” (Guevara, 1985, t. I: 31). Él nunca la reduce a una repetición dogmática: “La Revolución cubana ha mostrado una experiencia que no quiere ser única en América”. Y critica a quienes “tratan de implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar adecuado” (t. IX: 209).

A la vez, es menester prevenirnos contra el empleo extemporáneo de algunas afirmaciones o tesis suyas en las actuales circunstancias políticas del continente y del mundo, pues algunas no resultaron válidas en el decursar de la historia. ¿Qué pensó, por ejemplo, sobre la vía armada y en específico respecto a la lucha guerrillera?: “Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha de pueblo” (t. I: 33). Esa misma consideración, con palabras semejantes, la encontramos al menos en diez lugares diferentes de sus escritos (37, 179 y 205; t. IX: 30 y 237).

No deja espacio para las ambigüedades: “Queda bien establecido que la guerra de guerrillas es una fase de la guerra que no tiene de por sí oportunidades de lograr el triunfo” (t. I: 37). “Ahora bien, es preciso apuntar que no se puede aspirar a la victoria sin la formación de un ejército popular” (205).

Sostiene que en la América Latina existen las condiciones objetivas para la revolución. Esa conclusión la deduce de sus vivencias en el continente y de sus estudios desde los años juveniles sobre la historia y las sociedades latinoamericanas. De tal convicción, fundada en un saber científico, no razona que sea posible iniciar la lucha armada en todas partes y en cualquier momento:

Esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso, en el que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables. (105).

Dependen, en lo subjetivo, de dos factores que se complementan y que a su vez se van profundizando en el transcurso de la lucha: la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario. (195).

A tales factores y a las condiciones objetivas une otro elemento también subjetivo: “la firmeza en la voluntad de lograrlo”. Y agrega el último, de índole objetivo: “las nuevas correlaciones de fuerzas en el mundo” (105). Siempre tiene en cuenta el repertorio de variables que considerar en el inicio y desarrollo de la lucha armada y nunca abona consignas, dogmas, ni clichés.

¿Por qué enfatiza la importancia de las condiciones subjetivas y el papel activo de la vanguardia? Frente a la “cultura política” defensiva de la espera, yergue junto a Fidel, la cultura política de la voluntad y de la ofensiva:

El deber de los revolucionarios latinoamericanos no está en esperar que el cambio de correlación de fuerzas produzca el milagro de las revoluciones sociales en América Latina, sino aprovechar cabalmente todo lo que favorece al movimiento revolucionario ese cambio de correlación de fuerzas y hacer las revoluciones. (208).

Tal criterio no pasa por alto el tema de la estrategia y las tácticas:

Los revolucionarios no pueden prever de antemano todas las variantes tácticas que pueden presentarse en el curso de la lucha por su programa liberador. La real capacidad de un revolucionario se mide por saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de la situación, en tener presente todas las tácticas y en explotarlas al máximo. (33)

¿Acaso el acelerado curso de la actual ofensiva imperialista y de la ultraderecha en la América Latina y el Caribe no obligan también a los entes revolucionarios a plantearse fórmulas y actuaciones acordes con los métodos antidemocráticos, que de modo creciente practican varios gobiernos de la región?

La dirección cubana no negó jamás, en aquellos años, la lucha cívica y en particular la electoral. Baste recordar la solidaridad de Fidel hacia Allende. En varias ocasiones, el Che aborda el tema:

Sería error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado; del mismo modo que sería imperdonable limitarse tan solo a lo electoral y no ver a los otros medios de lucha, incluso la lucha armada, para obtener el poder […] pues si no se alcanza el poder, todas las demás conquistas son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesitan. (t. X: 33).

Una vez más aparece ese eje central de sus ideas, que es también el de Fidel: la conquista del poder. Motivación, por cierto, presente en casi todas las insurgencias armadas latinoamericanas desde 1959, y que ha disminuido o desaparecido en buena parte de la izquierda de nuestro tiempo.

También el Che aclara la distinción entre lucha pacífica y vía pacífica, y señala las consecuencias de esa confusión: “Recuérdese nuestra insistencia: tránsito pacífico no es logro de un poder formal en elecciones o mediante movimientos de opinión pública sin combate directo, sino la instauración del poder socialista, con todos sus atributos, sin el uso de la lucha armada” (t. IX: 229).

Reiteradas veces aborda la función de la clase obrera y el campesinado en la revolución. Por ejemplo, refiriéndose a la relación guerrilla-campesinos-obreros, afirma que la primera debe buscar el apoyo de “las masas campesinas y obreras de la zona y de todo el territorio de que se trata” (t. I: 189).

No desarrolla suficientemente sus criterios en torno al lugar que le corresponde a las luchas reivindicativas y políticas obreras, ni tampoco a la inserción de ese bregar en un proceso revolucionario signado por la lucha armada, cuyo escenario principal lo ve en el campo, por razones que explica muchas veces. Sin embargo, no deja de formular la siguiente noción, como parte de la estrategia que considera acertada:

[L]a posibilidad de triunfo de las masas populares de América Latina está claramente expresada por el camino de la lucha guerrillera, basada en el ejército campesino, en la alianza de los obreros con los campesinos, en la derrota del ejército en lucha frontal, en la toma de la ciudad desde el campo, en la disolución del ejército. (t. IX: 237)

Esta última afirmación muestra el apego del Che a la experiencia cubana. En nuestros días, es menester –y posible– asumir un relato más abarcador y a tono con las nuevas realidades de cada país. Considerar, por ejemplo, los cambios ocurridos en las estructuras de clases a consecuencia de las mutaciones de las formaciones sociales capitalistas de la región; la transnacionalización y privatización extrema de las economías; el crecimiento de los sectores marginales e informales; la disminución de la clase obrera y la modificación de su composición, con mayores niveles de explotación e integración al status quo; la disminución neta del campesinado tradicional y la agudización de la crisis social derivada del modelo neoliberal.

Durante los últimos cincuenta años, ocurren diversas experiencias que enriquecen el antecedente cubano. Por ejemplo, los procesos insurreccionales en Nicaragua y en El Salvador, entre 1977 y 1985, hacen importantes aportes. De igual modo, la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 en Venezuela nutre el acervo de la lucha armada revolucionaria, patriótica y democrática en el continente.

De conjunto, los impactos políticos y sociales y los correlatos –tanto nacionales como hemisféricos– que se derivan en el presente siglo de los procesos de cambios abiertos por la Revolución bolivariana, a partir de 1999, han creado un terreno fértil para el avance de proyectos progresistas e incluso radicales, como ha sucedido en la propia Venezuela y en Bolivia. A la vez, varios mostraron ciertas debilidades de partidos de izquierda y centroizquierda, una vez que asumieron los gobiernos centrales, casi siempre en alianzas con entes burgueses de centro.

El primero y el más importante error es haber creído que controlaban el poder del Estado, cuando en verdad solo disponían apenas de una parte de este, sobre todo palancas del Ejecutivo. La otra grave deficiencia es haberse desconectado de los movimientos sociales y suponer que con mejoras parciales del nivel de vida popular se obtendría un apoyo masivo en las urnas. También muchos dirigentes partidistas fueron seducidos por la miel de los cargos y, en no pocos casos, los imantó la corrupción. Más recientemente, la nueva ofensiva imperial y de las clases pudientes en varios países –Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, etc.– evidenció el cálculo triunfalista erróneo que primó en no pocas fuerzas y líderes de la izquierda y la centroizquierda.

IV

El proyecto revolucionario continental que el Che decide iniciar en Bolivia con el apoyo de Cuba tiene su razón estratégica propia y también posee la marca de la coyuntura. Entonces era necesario y urgente dar un fuerte impulso a la lucha armada en la región y demostrar en grande la viabilidad de otras revoluciones, por ejemplo, en Venezuela. También la causa de Vietnam convocó la epopeya internacionalista del Che en Bolivia. Por encima de la derrota en este país, el núcleo fecundo de esa decisión histórica pervive; de ello es prueba el afán emancipador e integracionista creciente en la región, incluida la Bolivia de Evo Morales, marcada por la irrupción del pueblo profundo que hace muchos años descubriera el Che.

Define con precisión la correlación entre lo nacional y lo continental y el factor tiempo en la lucha revolucionaria latinoamericana: “Habíamos predicho que la guerra sería continental. Esto significa también que será prolongada”(t. I: 206). En consecuencia, de ningún modo “podemos decir cuándo alcanzará estas características […] ni cuánto tiempo durará” (201). Así pues, el sentido regional de la lucha revolucionaria no significa esperar a que esta comience en todos los países, ni se desarrolle por igual en ellos: debe iniciarse “cuando las condiciones estén dadas, independientemente de la situación de otros países” (202).

A partir del criterio de que los Estados Unidos van a intervenir en un momento del desarrollo de la revolución –por razones conocidas– sostiene: “Dado este panorama americano, se hace difícil que la victoria se logre y consolide en un país aislado” (201). Tal criterio se ratifica en nuestros días, por ejemplo, con la arremetida brutal del imperio contra Venezuela, el aumento del cerco a Nicaragua, y la retoma de sus políticas más agresivas respecto a Cuba.

A mediados de los 60, la lucha armada a escala continental no exhibía un saldo favorable. Fue preciso tratar de asegurar un mínimo de coordinación y un máximo de convergencia entre las fuerzas revolucionarias. Sin absorber la diversidad de los procesos políticos nacionales, se buscó ayudar a ordenarla con una labor prioritaria: la lucha armada para alcanzar el poder del Estado. De ese propósito salió la iniciativa de realizar la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), en agosto de 1967, que marcó el apogeo visible de tal esfuerzo de coordinación y de convergencia política de las luchas revolucionarias nacionales. Su objetivo principal no se proclamó: ensanchar en toda la región las bases de apoyo al proyecto del Che, para esa fecha ya en Bolivia.

El origen y la razón de ser de OLAS radicaba en el proyecto de lucha continental guevariano. Por eso se extingue con él en octubre de 1967. La historia, en su devenir, una vez más no fue rectilínea. Si la revolución en nuestra América no pudo tomar entonces el curso continental imaginado –signado por la lucha armada–, su calendario, itinerario y escala posterior debían ser otros. Y así ha sucedido.

El dilema mayor es que el Che tiene razón cuando proclama la conocida alternativa: revolución socialista o caricatura de revolución. Pero, ¿cómo lograr tamaño propósito? Su proyecto de lucha y de liberación continental en aquellas circunstancias es tal vez la pista de una posible respuesta. Herencia conceptual que Hugo Chávez recrea como el socialismo del siglo XXI.

V

En nuestro continente no ha habido recesos históricos, como pareciera que ha ocurrido en Europa y en los Estados Unidos después de 1968: cuando las insurgencias resultaron neutralizadas o asfixiadas en una subregión o en determinados países, han reaparecido en otros sitios.

Luego de los fracasos relativos de los intentos armados en aquella década, sin solución de continuidad, y en el escenario represivo creado por las dictaduras militares en el cono sur durante los años 70, surgen en Uruguay, Brasil, Argentina y Chile organizaciones armadas o de resistencia en las ciudades, con diferentes métodos y caracterizadas por una enorme constancia y heroicidad. Y aunque no logran el poder, mantienen en jaque a esos regímenes y aportan legados muy importantes para el posterior curso político de esas naciones.

El ciclo de los 70 incluye la novedad del experimento socialista pacífico y democrático en Chile, que confirmó de manera dramática la decisión del imperio y las oligarquías de destrozar sin escrúpulos los cimientos de sus propios mitos democráticos, frente al peligro de perder su poder. La década aporta también dos procesos nacionalistas liderados por sendos líderes militares en Perú y Panamá (Juan Francisco Velasco Alvarado y Omar Torrijos), que marcan hitos favorables al avance antimperialista y de los movimientos populares. El decenio concluye con la victoria de la Revolución sandinista, en julio de 1979, que veinte años después de Cuba reafirmó la viabilidad del camino insurgente armado, y reveló otra vez los ingredientes políticos y militares que Fidel consideró indispensables para lograr una victoria revolucionaria: el pueblo, las armas y la unidad. En este caso, como en Cuba, el objetivo volvió a ser derrotar una tiranía y reconstruir el país sobre la base de un programa holgado y con alianzas amplias.

También frente a la Revolución sandinista, aunque las definiciones políticas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fueron cuidadosas, e incluso se afilió a la socialdemocracia, los Estados Unidos actuaron, aplicando la conocida guerra sucia. Asimismo, frustraron el triunfo pleno del Frente Farabundo Martí en El Salvador. Ambos procesos, desfavorecidos por la abrupta extinción de la Unión Soviética y el llamado campo socialista, tomarían otra forma, más funcional al sistema, en el presente siglo.

En 1989 –año en que se desploma el muro de Berlín– sobreviene el “febrero venezolano”, el histórico Caracazo. Este hecho representó la explosión social más grande de la historia de ese país y fue también la primera rebelión espontánea de un pueblo contra el neoliberalismo a escala mundial. Pero a diferencia del Mayo francés, el 4 de febrero de 1992 surge otra, liderada por el teniente coronel Hugo Chávez, que pronto sería el guía de la revolución más original ocurrida en América desde 1959.

En todos esos hechos y procesos ulteriores a los 60, donde los imposibles no se respetaron y se fecundaron con sangre las utopías, está el legado de aquellos guerreros. Muestra de ello es, precisamente, la influencia que recibiera Chávez, desde su adolescencia y juventud, de las luchas guerrilleras en su país, y su admiración hacia el Che y Fidel. Por ejemplo, a los 19 años, siendo cadete, en un ejercicio militar en que participara en septiembre de 1974, escoge estar en el grupo de supuestos guerrilleros y adopta con íntima satisfacción el papel del Che (Chávez, 2018: 138). Tres años después, como subteniente en un batallón contrainsurgente, discute consigo mismo la posibilidad de pasarse al grupo guerrillero contra el que luchaban, y no lo hace entre otras razones por la manera turbia y criminal en que actuaba dicho grupo, infiltrado por la CIA. Razona, además, que la oportunidad de la guerrilla había pasado en Venezuela.

Poco tiempo después, decide organizar un movimiento clandestino dentro del ejército y planear una rebelión cívico-militar para desarrollar un proyecto de orientación bolivariana. En ese quehacer, mantiene nexos con ex comandantes guerrilleros, como Douglas Bravo y Alí Rodríguez. Varios de ellos, como este último y Julio Escalona, ocuparán cargos relevantes en el gobierno bolivariano a partir de 1999. Para esa fecha, el presidente Chávez ha convertido al Che en una de las figuras cumbres de su panteón de héroes y guías. Mientras que Fidel es su más alta referencia revolucionaria viviente.

VI

Retomo la pregunta inicial de este artículo y arriesgo algunas respuestas:

● Toda victoria de la contrarrevolución se alimenta de los errores y de las desviaciones que surjan en el campo revolucionario, sean de índole militar, política, teórica o ética. Los revolucionarios no actúan solos. Sus adversarios poseen suficiente poder, astucia y experiencias para utilizar tales agujeros dentro de uno u otro ente de la izquierda, a fin de dividirlo y dinamitarlo.

● Quienes opten por una estrategia de lucha armada deben saber que se trata de una decisión sustantiva, de largo aliento e implicaciones formidables. La guerra no se improvisa, ni tampoco hay que temerle si solo existe esa alternativa para avanzar por el carril revolucionario. Toda línea política no fundada en el análisis del escenario y del movimiento real –nacional, regional y mundial– es no solo inoperante, sino peligrosa. Puede conducir a la derrota y retardar el curso de la revolución deseada.

● No es cierto que la política sea el arte de lo posible. Ese suele ser un falso consuelo, el reducto de los conservadores, de los mediocres, a veces de los cobardes. Las revoluciones que palpitan en una encrucijada histórica hay que diagnosticarlas con rigor, fomentarlas y conducirlas sin temor, y crear las condiciones materiales, políticas y culturales para hacerlas triunfar en todos los espacios y tiempos. Y luego defenderlas por medio del ejercicio democrático del poder del pueblo y con la hegemonía de un proyecto socialista auténtico.

● La disposición a morir y a todo tipo de sacrificio es una condición indispensable, pero no suficiente. Lo más difícil y decisivo es contribuir a que las clases populares, desde sus propias bregas, concienticen y avancen hacia proyectos de liberación social y nacional.

● Formar y seleccionar a los líderes es primordial. Debe primar en ellos el altruismo, la creatividad, la disciplina, el sentido de la organización eficaz y el interés por la teoría revolucionaria. Tienen que ser portadores genuinos de una cultura democrática que irradie respeto y solidaridad entre todos los luchadores. Deben moverse y actuar “en la calle” y en los campos, y aprender del pueblo más que de los sabios; estar prestos a identificar dónde se equivocaron, y si hay que corregir saber buscar el camino. Un auténtico líder debe ser capaz de entregarlo todo, incluso sacrificar el tiempo familiar y, si fuera necesario, dar la vida.

● Ninguna política trasciende a la historia si no accede al dominio del sentimiento. Porque los pueblos que hacen la historia no se movilizan si su voluntad no está sacudida por emociones e imágenes arraigadas en su pasado.

● Hay personas que sin ser revolucionarias son mejores en sus sentimientos y en la actitud hacia determinados temas humanos que algunos militantes de izquierda.

● Es necesario dialogar con los ciudadanos que piensan y actúan diferente; los revolucionarios no debieran sentirse dueños de la verdad, aunque muchas veces tengan la razón.

● La gente pobre, y en general los explotados no simpatizan con la revolución a ultranza. Hay momentos de crisis social y política en que se movilizan y entienden un proyecto de cambio con más rapidez, pero en todo momento se requiere llegar a sus mentes con verdades y con el ejemplo de quienes las profesan.

● El sistema de dominación capitalista ha logrado reproducirse sobre todo por su capacidad de ganar las conciencias de los humildes. Por eso es usual que muchos de ellos voten por sus enemigos de clase. Pero en vez de condenar a quienes sufragan contra los candidatos de la izquierda, o no se movilizan en el combate revolucionario, cualquiera que este sea, hay que buscar los modos de imantarlos, y para ello resulta imprescindible comprender las causas profundas de su conducta, y descubrir –y rectificar con premura– aquellas relacionadas con errores y debilidades de la izquierda, que tributan a las actuaciones equívocas del pueblo.

● No se debe subestimar ni un ápice a los adversarios de dentro y de afuera. Hay que conocerlos más y mejor. Adelantarse a sus tácticas y procederes. Hacer trabajo de inteligencia en sus filas, para saber qué piensan y qué hacen. Y qué proyectan hacer. El sistema dominante utiliza sin ambages sus poderosos instrumentos visibles y soterrados, y quien se proponga derrotarlo debe implementar las réplicas pertinentes. La ingenuidad en política es siempre mortal.

● Usar métodos conspirativos, guiados por el precepto martiano de que “en la política, lo real es lo que no se ve”. Imaginar variantes para engañar a los adversarios y conocer sus debilidades, saber atacarlos por los flancos y buscar fórmulas para dividirlos.

● Diseñar la estrategia y las tácticas, con apego a las circunstancias concretas de cada país. Escoger y atacar los puntos débiles del adversario y preparar muy bien el momento para emprender cualquier batalla frontal. Mantener la iniciativa de modo tesonero y creativo.

● Propagar ideas y emociones por todas las vías posibles y en formas atractivas y comprensibles, y usar las tecnologías y los métodos de comunicación más modernos. Evitar la tentación de las acciones exhibicionistas, la política como show, los efectos efímeros. No mentir jamás.

● Trazar líneas diferenciadas hacia las organizaciones religiosas y proceder con los creyentes a nivel personal.

● Aprender con humildad de la gente; mandar obedeciendo. No dejar nunca de tomar en cuenta la opinión del pueblo y el sentir individual y colectivo de las personas. No despreciar lo pequeño.

● Promover alianzas amplias y a la vez evitar compromisos que amarren el proyecto grande. Esto incluye mantener contactos con militares de manera selectiva y discreta.

● Hacer todo lo necesario para conseguir la unidad de la izquierda auténtica, sobre todo para la acción, y basada en un programa mínimo. Este debiera estar anclado en los asuntos y problemas de la mayor cantidad posible de ciudadanos, y con un lenguaje atractivo. Resolver con inteligencia y por etapas la ecuación de los objetivos mínimos y máximos.

(*) Sociólogo y profesor. Universidad de La Habana.

Carlos Fonseca, la unidad y las victorias, por Edwin Sánchez

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I

En algunos miembros del Frente Sandinista, quizás de media data, puede haber cierta inquietud con la apertura de la organización hacia otros sectores o, inclusive, con la presencia protagónica de la juventud, como si esta política de puertas abiertas fuera a afectar el tejido histórico del único partido revolucionario de Nicaragua.

No obstante, el FSLN se afirma y confirma con los mejores valores de la nicaraguanidad, potenciándolos además, porque forman parte de sus primigenias raíces. El documento “35/19: Unido/as en victorias”, dado a conocer por la intelectual sandinista Rosario Murillo, lo sintetiza. Y si algo palpita en el escrito, es el corazón de Carlos Fonseca.

Podemos reconocer que el Frente es abanico y arco iris, es el concierto de los hombres y mujeres de buena voluntad. No fue, ni es, una logia de iniciados como algunos quisieron disminuirlo en los años 80, y que gracias a Dios ya no están. Para estos, solo valían los que empuñaron el fusil, y al resto, simples mortales, los veían por encima de su bordado adoquín rojinegro. Carlos condenó estas jactancias desde 1960: “La ostentación exhibicionista representa el izquierdismo infantil”.

No se trata de desconocer los méritos sino de reconocer a los que hicieron posible el 19 con las balas y los que lo mantienen con los votos, aunque sean de nueva data.

II

En nuestro país, donde la historia se construyó con fragmentos, desencuentros, divisiones, y que incluso Rubén debió llamar a la unión de tantos vigores dispersos, el sandinismo ha contado con la ventaja nacional de renovar, de fondo, la unidad.

“Nicaragua es el bien común, forjándose cada día en el corazón individual y social”, es decir, lo particular y lo colectivo, lo personal y lo nacional. Este planteamiento está muy lejos de conducir al totalitarismo, palabra manida de los ultraconservadores que sí cuentan con una obcecada visión anacrónica de Nicaragua, tan así que a falta de la armada, invocan y se prestan a la intervención mediática internacional.

El documento 35/19, es una celebración de la unidad para andar. Unidad de valores supremos. Esa que nace del alma y no de los cálculos. Que no surge de hoy, sino que es un largo camino y que empezó en el movimiento de unos cuantos caminantes, cuando las paralelas libero-conservadora habían reducido a Nicaragua a una historieta. Y eso era, en sus penosas páginas,  “lo correcto”, lo “establecido”, o, con la asistencia del pensamiento hegemónico, la “voluntad” de Dios.

Para lograr lo que parecía una formidable ilusión, Carlos debió dar un paso que movería la realidad, al interpretar el ser nicaragüense: “Es fundamental en el Frente Sandinista la unidad entre los verdaderos revolucionarios y los verdaderos cristianos” (Mensaje al Pueblo de Nicaragua, octubre de 1970). Y a los cristianos no les puso apellidos ni credos: los identificó a partir de su praxis.

Carlos subrayó la palabra “verdaderos”. Dos emblemáticas vidas u ofrendas de sacrificio por la liberación de nuestros pueblos, le inspiraron: Ernesto Che Guevara, caído en 1967 y el sacerdote Camilo Torres, muerto en combate un año antes.

Por supuesto, Carlos, un santo casi sacado de las epístolas de San Pablo, pedía lo que hacía y algo más: supo ver que la unidad era esencial para el crecimiento y consolidación del Frente Sandinista. Unidad entre los revolucionarios, pero unidad también con el hermano gemelo del revolucionario, o hermana melliza: el cristiano, la cristiana.

El Modelo Cristiano, Socialista y Solidario germina de esta premisa. En palabras de Carlos, para el Frente Sandinista, expresión superior de la Causa de Sandino, “es fundamental”.

III

Pese a las toneladas de injurias, el Frente está hecho de vigores, no de rencores. Sus directrices no derrapan en un culto al odio como sí se puede observar en ciertos dirigentes de siglas.

Desde una emisora, un ex miembro de la Junta de Gobierno trató de causar un efecto negativo, al recordar que en 1979 le comentó “muy preocupado”, al comandante Daniel Ortega, que en los CDS se habían integrado miembros del recién colapsado régimen de Somoza. El hoy Presidente le dijo: “¿Y qué querés? ¿Que los mandemos a matar?”.  Hasta en ese ataque se revela el espíritu humanista del líder histórico de la Revolución: el respeto a la vida.

Vale precisar, en la cancha del Frente no se juega a la revancha, como sí ocurre en un segmento de la oposición política controlada por la derecha fundamentalista.

Inclusión, no exclusión. El exhorto 35/19  de Rosario: “Nicaragua es la Unidad de Objetivos, Metas, Propósitos, y sobre todo, la Conciencia de Unidad y Respeto como factor indispensable para Vivir Mejor, Hoy, Mañana, y Siempre”, se enlaza con las coordenadas trazadas por Carlos en los albores del Frente Sandinista.

“El sectarismo es el principal enemigo de la unidad. Debemos de tener el cuidado de saber distinguir entre las diversas fuerzas políticas del país, los elementos que coinciden con nuestras aspiraciones, aunque esa coincidencia sea mínima. El sectario se empeña en ver solamente lo que diferencia y lo que separa. Es muy importante comprender que en las filas del Partido Conservador hay representativos del pueblo que si son convencidos mediante una paciente explicación pueden acompañarnos en la lucha. Lo mismo ocurre dentro del gobierno, la Guardia y dentro de otras instituciones nacionales”. (La lucha por la transformación de Nicaragua. CFA. 1960).

Fuente: http://www.rlp.com.ni/blogs/1266